LUCIA PINOCHET: Como nos cambia la vida…
Febrero 6, 2006
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“Me subí a la parte de atrás de un auto, que era manejado por una funcionaria de inmigración. Inmediatamente, entró otro funcionario, de raza negra, quien se sentó a mi lado y sin más me esposó las manos. Reclamé: ¿Por qué me hace esto? ¡Yo no soy delincuente! El me miró y me repitió en un castellano mal pronunciado: ‘Típico’, ‘típico’”
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“Me metí a internet en Mendoza y, cuando vi que mi madre y mis hermanos estaban detenidos, me dije que no iba a ir como una oveja al matadero y ahí terminé de decidirme a viajar a Washington para defenderme”
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“Yo tenía en mi poder varios documentos sobre las acusaciones contra mí que quería contrastar en Washington con los datos de la investigación del Senado norteamericano contra mi padre”.
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El me dijo que me iban a devolver a Argentina, pero que antes me iba a hacer algunas preguntas, que no estaba obligada a contestar. Tras unas preguntas triviales, le dije que había ido a Washington para defenderme de acusaciones falsas y mencioné que tenía miedo de volver a mi país. Ahí me dijo: ‘¿Me está diciendo que tiene miedo de volver a su país? En ese caso, tenemos la obligación de ofrecerle asilo, pero usted va a entrar como ilegal’”.
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“…que eran claramente hostiles; uno de ellos, que debe haber sido de la CIA, era particularmente siniestro y después también apareció en la corte”.
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“Yo estaba bastante desesperada: no me dejaban usar el teléfono, hacía frío, no había calefacción y estaba con ropa de verano. Yo reclamaba y repetía que no era una delincuente. Me miraban con indiferencia. Pedí una frazada y me dieron una asquerosa, pero igual la usé para abrigarme. La sala consistía en varias hileras de sillas, como en un aeropuerto. Cerca nuestro, en una hilera para los hombres, estaba un argentino también arrestado por manejar con trago que me ofreció contactar a su abogado. Pero más allá había gente con aspecto más peligroso” ¿?
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“Una doctora me hizo pasar, me tomó la presión y, sin decirme nada, me puso una inyección contra la tuberculosis. Reclamé y me dijeron que era el reglamento. Ahí me llevaron a ducharme y a ponerme uniforme. No eran baños colectivos como se dijo, sino que uno individual. Ducharme fue como revivir. Y fue un agrado ponerme el uniforme verde olivo: era abrigado y yo llevaba más de un día con la misma ropa”.
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“Cuando me avisaron que me iba a ir a la corte, dije que no iba a ir con uniforme porque no era una delincuente -prosigue Lucía Pinochet. Me lo aceptaron. Pero fui trasladada en un furgón de detenidos, en la parte de atrás, esposada y con rejillas en ese frío. El que manejaba era el funcionario de raza negra que me había esposado a la salida del aeropuerto. Yo estoy convencida de que a mí me aplicaron la mayor dureza posible para que me retractara del asilo. Y lograron su objetivo”.
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“era siniestro: más que de la CIA, tenía aspecto de ser de la KGB” (habrá querido decir CNI…)
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“No lo pude ver (Alberto Fujimori), pero le mandé muchos saludos. Ahora sé lo terrible que es estar privada de libertad“.
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